
Hace unas semanas subimos un reel hablando del papel de la cultura en Avilés, y los comentarios… “se salieron de control”.
Unos cuantos, activaron el modo sarcasmo y nos dejaron perlas como:
“Claro que sí, la gente comía de los titiriteros en vez de la industria.”
“Lo que da dinero son los museos y el teatro, no las fábricas.”
Y me llama la atención lo nerviosas que se ponen algunas personas cuando hablamos de cultura y aparece la industria en la conversación. Sobre todo, porque nadie estaba cuestionando absolutamente nada sobre la industria.
Entre otras cosas, porque el reel hablaba del Avilés anterior a la llegada de ENSIDESA.
Y, efectivamente, con el mismo sarcasmo con el que se hicieron algunos comentarios, es complicado que el Avilés preindustrial viviera de la industria. Más que nada porque, como su propio nombre indica… era preindustrial.
Las ciudades siempre han necesitado transformarse.
Y encontrar distintas formas de sostenerse.
Porque seguimos hablando de la cultura como si fuera un capricho. Como si fuera algo accesorio. Algo bonito, sí… pero poco útil.
Y, sin embargo, los datos dicen otra cosa.
La industria cultural genera hasta un 3,4% del PIB español y da trabajo a unas 771.000 personas. Más de 185.000 empresas viven del cine, la música, los libros, los museos, los videojuegos, los festivales o las artes escénicas.
La cultura genera trabajo.
Pero el problema es que seguimos pensando solo en lo que consumimos y no en todo lo que hay detrás.
Porque detrás de cada exposición, de cada concierto o de cada actividad cultural hay diseño, iluminación, sonido, montaje, mediación cultural, restauración, fotografía, programación, comunicación, imprenta, hostelería, turismo…
La cultura no vive del aire.
Y además, más allá de lo económico, hace otra cosa importante.
Nos da espacios para encontrarnos.
Para pensar.
Para emocionarnos.
Para entender el mundo que habitamos.
Porque una ciudad no solo tiene que producir. También tiene que ser habitable.








