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Avilés (Asturias)

05/10/2026

Patricia Pérez

Sí, yo también voy a hablar de La bola negra

Sí, yo también voy a hablar de La bola negra.

Si todavía no has ido al cine, ya estás tardando, amiga. Y si quieres esperar para verla en plataformas, prepárate para disfrutar de un peliculón. 

Como ya estarás intuyendo… a mí, me encantó.

Me encantó en la forma y me encantó en el contenido. Me parece una película cargada de sensibilidad y, sobre todo, profundamente lorquiana sin necesidad de convertirse en un biopic.

La película entrelaza tres historias. Una parte de aquella obra inacabada que Lorca estaba escribiendo cuando fue fusilado y que iba a titularse precisamente La bola negra. Otra está inspirada en una obra de teatro titulada La piedra oscura, escrita en 2015 por Alberto Conejero, en torno a la figura de Rafael Rodríguez Rapún. Y una tercera nos lleva hasta 2017.

No voy a contar mucho más porque no quiero hacer spoilers, pero hay algo que atraviesa las tres historias y que se me quedó dando vueltas al salir del cine: la memoria.

En la obra de teatro La piedra oscura aparece una frase en boca de Rapún, que resume muy bien todo esto:

«¿No voy a desaparecer del todo, ¿verdad?».

Y quizá esa sea una de las preguntas que atraviesan también nuestro trabajo como historiadores.

Yo soy historiadora del arte, pero al final soy historiadora, y una de las cosas que me parecen fundamentales es revisar constantemente el relato histórico hegemónico.

Porque basta con analizarlo un poco para ser conscientes de todas sus ausencias.

Durante mucho tiempo, la historia ha recogido sobre todo las voces asociadas al poder, mientras muchas otras quedaban fuera: las de las mujeres, las de las minorías, las de quienes no encajaban en lo que se consideraba normativo o, sencillamente, las de quienes no tuvieron la posibilidad de dejar su propio relato.

Por eso construir memoria no es solo recordar.

También es preguntarnos quién está, quién falta y por qué.

Y el arte tiene una capacidad enorme para hacer precisamente eso: recuperar historias, acercarnos a vidas que quizá nos resultan lejanas y ayudarnos a mirar aquello que, de otro modo, probablemente no miraríamos.

De todo esto vamos a hablar también el próximo sábado 10 de octubre en el Cementerio Monumental de La Carriona, en Avilés.

Porque los cementerios no son solo espacios mortuorios.

También son espacios de memoria.

En ellos podemos leer cómo una sociedad entiende la muerte, pero también cómo entiende la vida, qué quiere recordar y cómo quiere ser recordada.

Durante la visita vamos a fijarnos en muchas de esas huellas.

¿Por qué llevamos flores a los cementerios? ¿Por qué en ocasiones se colocan formando coronas? ¿Por qué en La Carriona apenas aparecen calaveras y la muerte se representa de una forma mucho menos amenazante? ¿Por qué muchos de sus ángeles tienen apariencia femenina si, en teoría, deberían ser seres asexuados?

Detrás de todas esas imágenes hay ideas sobre religión, género, sociedad, arte y memoria.

Porque La Carriona no es solo un cementerio.

Es también un lugar de arte, un archivo de historias y una forma de entender quiénes fuimos.

Y quizá, al final, visitar un cementerio tenga también algo que ver con aquella pregunta de La piedra oscura: «¿No voy a desaparecer del todo, ¿verdad?».

Sábado 10 de octubre a las 12:30 · Visita al Cementerio Monumental de La Carriona
Avilés

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