
Hace tiempo, en el perfil de Instagram de Teta&Teta, hacían una pregunta aparentemente sencilla a un grupo de hombres: “¿Te gustan tus tetas?”
Las respuestas eran reveladoras. Algunos se reían, otros se desconcertaban, alguno incluso aclaraba que no tenía tetas. La pregunta les resultaba extraña porque nunca se habían planteado que su cuerpo estuviera ahí para gustar, para ser evaluado o para generar opinión.
La conversación derivaba rápidamente hacia otro lugar: si les gustaban o no las tetas de las mujeres. Y ahí estaba la clave. De forma automática, se daba por hecho que el cuerpo opinable, el cuerpo que está ahí para gustar y ser juzgado, es el cuerpo de la mujer.
Este relato no es nuevo.
La historia del arte ha contribuido durante siglos a construirlo. Desde el mundo clásico, el desnudo femenino ha sido pensado para ser observado. Las Venus se cubren, sienten pudor, se ofrecen a la mirada… y al mismo tiempo se nos enseña a avergonzarnos de nuestro propio cuerpo.
Pero también hay grietas.
Artistas como Alice Neel, Aleah Chapin u Orlan han colocado otros cuerpos en el centro: cuerpos reales, diversos, incómodos. Cuerpos que ya no están ahí para gustar, sino para existir.
De todo esto hablaremos el viernes 10 a las 20:00 en Pimentón Dulce, en la charla
“Cartografías de lo visible. Deseo, cuerpos y relato en la historia del arte”.
Porque el deseo no solo se siente.
También se aprende.








