
Cada época construye su propio relato. Y durante siglos, ese relato ha sido bastante uniforme: ha explicado a los hombres cómo debían actuar y ha dejado a las mujeres en los márgenes. No siempre de forma explícita, pero sí constante.
A ese relato lo llamamos hegemónico. Y es tan eficaz que muchas veces ni siquiera lo vemos. Está en los libros de historia, en las imágenes que consumimos, en el cine, en las obras de arte… y también en las ausencias.
Esta semana estrenamos en Mieres Museo del patriarcado. Exposición permanente, un show, cargadito de humor e ironía, que reflexiona precisamente sobre eso: sobre cómo se construyen los discursos dominantes y cómo esos discursos moldean nuestras conductas, nuestros deseos y nuestras expectativas.
Pero no es la única propuesta que gira en torno a esta idea.
El viernes estaremos en Soto del Barco con Prehistóricas, recuperando el papel que las mujeres jugaron en las sociedades cazadoras-recolectoras. Esa misma tarde, a Luarca, llevamos Histéricas, una propuesta con música en vivo que cuestiona el relato tradicional sobre el deseo femenino.
El sábado analizaremos Barbie en un cinefórum, porque el cine también construye modelos y narrativas culturales.
Y el domingo estrenamos ruta de arte en el Centro Niemeyer dedicada a Ramón Masats, un fotógrafo que trabajó dentro de la estructura cultural del régimen franquista y que, sin embargo, supo construir una mirada cargada de ironía y crítica hacia esa misma realidad. Sus fotografías, como las pinturas, no son neutrales: hay elección de encuadre, de luz, de momento, de intención. Desde dentro del sistema, Masats tensiona el relato y nos invita a mirarlo con distancia.
Porque al final la pregunta no es solo quién cuenta la historia.
También es cómo se puede narrar de otra manera, incluso desde dentro.








