Hace poco terminé de leer La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero. Es un libro que parte del duelo, pero que en el fondo habla sobre todo de amor. Del amor que permanece cuando la persona ya no está, del amor que sostiene, del amor que cuida.
A través de los diarios de Marie Curie, Rosa Montero nos muestra a una mujer brillante, sí, pero también a alguien atravesada por los cuidados. Incluso cuando Pierre Curie estaba vivo, era Marie quien hacía malabares para compatibilizar la crianza, la vida doméstica y la investigación científica. Tras la muerte de Pierre, ese equilibrio solo fue posible gracias al apoyo de su suegro, que cuidó de sus nietas. Sin esa red de cuidados, probablemente hoy no hablaríamos de Marie Curie como la eminencia científica que fue. No por falta de talento, sino por falta de tiempo y apoyo.
Este 11 de febrero, Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia, viene bien recordar que el conocimiento no se construye al margen de la vida. Se construye desde el amor y sobre todo, desde los cuidados, aunque estos rara vez aparezcan en los relatos oficiales.
Y de amor y de relatos va también El beso de Gustav Klimt, protagonista de nuestro MerendArte del martes 17, justo en la semana de San Valentín. Bajo el brillo del oro y la apariencia de una escena romántica, Klimt nos presenta un modelo muy concreto de amor: el hombre activo, que envuelve y dirige; la mujer pasiva, entregada. Una imagen bella, sin duda, pero también profundamente reveladora de cómo a finales del siglo XIX se construye una idea de amor que en lugar de estar basada en los cuidados, alimenta el concepto de dependencia.
El arte, como la literatura o la ciencia, no solo habla de emociones: nos cuenta qué formas de amar y de cuidar hemos aprendido.
Si te apetece pensar todo esto en compañía, te esperamos el martes 17 en nuestro MerendArte.








