
Hace unas semanas estuve en el MUSAC, en León, viendo la exposición de Yoko Ono. Y hubo una pieza que no me pude quitar de la cabeza.
Eran unas máquinas expendedoras. Como las de los chicles de toda la vida. Metías una moneda de 50 céntimos… y salía una bola.
Pero dentro no había nada. Aire.
Y claro, la reacción es inmediata:
“¿En serio estoy pagando por aire?”
“¿Me están vendiendo “humo” en un museo?”
Pero como suele pasar en el arte, la cosa no iba de eso.
Lo que te estaba planteando Yoko Ono era otra pregunta:
¿a qué le damos valor?
Porque el aire no vale nada… hasta que te falta.
Sin aire no hay vida.
Entonces, ¿de verdad no tiene valor?
Y ahí es donde empiezas a darte cuenta de que el arte contemporáneo no siempre busca gustar.
A veces lo que busca es hacerte pensar.
Desde que en 1917, Marcel Duchamp entró en un museo con un urinario, o cuando un plátano pegado con cinta americana se convirtió en obra de arte, o incluso cuando alguien vende una escultura invisible… el arte contemporáneo lleva más de un siglo generando desconcierto, polémica y preguntas.
Y, sin embargo, sigue ahí.
Porque el arte no ha muerto.
Ha cambiado de lenguaje.
De todo esto hablaremos el viernes 8 de mayo a las 20:00 en el Centro Niemeyer, en la conferencia
“Pero… ¿esto es arte? Claves para entender el arte contemporáneo”.
Un espacio para entender de dónde viene este tipo de propuestas, quiénes son sus referentes y por qué, a día de hoy, el arte sigue siendo una herramienta para pensar el mundo.








